Cuelgo a mi cristo
Me despiertan las campanas
de mi religión abandonada.
Me distraen los recuerdos
bailando bajo las sábanas.
Tengo a mi Cristo colgado
del tendedero de mi alma
y mi alma remojando
en un saco bajo la cama.
Tropiezo con las huellas de mi sombra.
Me fatiga el dolor que no calla.
El contar de los minutos que no acaba.
Ver llegar la mañana y saber que la noche
que la noche
que la noche
será larga.
Te sorpenden mis silencios, mis audacias,
nuestro amor que se hizo garras.
Te quieres ir y no te vas,
pues ¿qué te falta?
Te quedas porque sabes bien
que aún me amas.
A veces me cansa el dolor,
a veces acepto el frío.
A veces mi lamento
no lo escuchan mis oídos.
El frío se quita bajo unas sábanas
un cuerpo tibio
El dolor ni con los recuerdos
ni con el olvido
Mientras decides si te vas ó si te quedas,
cuelgo a mi Cristo de los tendederos de mi alma
y cuento las horas
los días
los silencios
las palabras
y envejece este amor en un saco bajo mi cama.


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